lunes, 16 de marzo de 2009

nota - sobre destituciones

La purga, de nostálgicas formas estalinistas no tan infrecuentes en el Caribe, de dos de los políticos más populares del país, además de desconcertar a la mayor parte de aquellos que todavía apoyamos el régimen cubano, marca, probablemente, el inicio de reformas económicas y estructurales.

Más allá de la falta de sutileza de los generales del Chino, que ofendería a Beria, a la hora de golpear la mesa y decir quien manda, nos asalta la cuestión de qué si la respuesta a los problemas de Cuba que daría esa nueva cúpula serviría de algo más que para acelerar la disolución de un proyecto que ilusionó más que cualquier otro en el SXX. Es como poco curioso que se pudiera optar por adoptar la variante en crisis del sistema, aunque sea en detrimento de otra ya superada, con todos los innumerables matices, la mayoría positivos, que pueda uno añadir sobre esa última.

Igual no pasa de especulación y tanto Pérez Roque como Alarcón realmente hicieron algo muy grave. ¿Por qué entonces no sacarlo a la luz? ¿Qué podría tener un coste político más alto que la pérdida de gran parte de los apoyos a nivel internacional y, cuando menos, dudas entre los jóvenes militantes del PCC?

Quizás sea - muchos discreparían - demasiado precipitado en hacerlo, pero me veo obligado a pensar y esperar ardientemente que la frase con la que Sartre termina su alegato de la Revolución cubana, "deben triunfar o lo perderemos todo, hasta la esperanza", no sea más que literatura.

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